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Inmunes al dolor

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Necesitaba escribir estas líneas para reflexionar y compartir mis sentimientos sobre un tema que me preocupa, a raíz de varios hechos que están ocurriendo en nuestro mundo, y del tratamiento de la información que se da sobre éstos. ¿Nos estamos volviendo inmunes al dolor?

Ha habido un atentado terrorista en Pakistán, y hace unos días lo hubo en Bruselas. No voy a entrar en cuestiones políticas, o en si hay intereses e importan más unas victimas que otras. El caso es que cada uno de estos atentados, en algunos más que otros, hemos visto imágenes de personas muertas, llorando o sufriendo.

 

¿Derecho a la información o morbo?

El derecho a la información muchas veces se confunde con el espectáculo y el morbo. No nos damos cuenta, y sí, creo que nos estamos volviendo insensibles ante el dolor ajeno. Nos atizan con imágenes diarias de sufrimiento, dolor, muerte, sangre, llanto…. y salvo que sean muy de cerca, el estado de shock nos dura lo que dura la noticia y la reflexión o conversación posterior, que muchas veces suele acabar con un “pero no podemos hacer nada” o “hay que aprovechar la vida porque nunca se sabe”. Y fin.

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En este artículo de Pasaporte digital mencionan el libro de Susan Sontag en el que reflexiona sobre el efecto de las imágenes que retratan los conflictos bélicos. “Cuando los muertos no son tuyos y suceden en un lugar remoto y lejano, quizás te parezcan unos muertos menos reales”. Está claro que cuanto más de cerca nos toca más empatizamos.

Y cada uno que empatice con quien quiera. Hoy somos Bruselas, ayer éramos Paris, y un día fuimos todos Túnez, Madrid, Egipto o Nueva York. Algunos también somos Pakistán, Siria, Sudán o Somalia. Y no sólo guerras y actos terroristas hay en el mundo. También vivimos Haití, y en su día Samoa o Japón. Por citar ejemplos que recuerdo. Y los recuerdo con imágenes explicitas, algunas de las cuales mi memoria ya se ha encargado de borrar, pero ahí estuvieron algún día. Y yo me pregunto ¿Sin esas imágenes me hubiera llegado la información de la misma forma? ¿Me hubiera impactado y dolido tanto? El derecho a la información muchas veces se lleva por delante el derecho a la intimidad, honor e imagen. Porque detrás de cada imagen hay una persona sufriendo, una vida, unos sentimientos, una familia, etc.

Siempre he sido una defensora del derecho a la información. Pero desde hace tiempo siento que no quiero ver imágenes tan crueles y reales como las que he tenido que ver a veces.  De hecho, por propia voluntad no veo las noticias en televisión o periódicos. Pero eso da igual. Las redes sociales e internet también están llenas de imágenes demasiado explicitas y a mi parecer innecesarias. Y tampoco creo que la desconexión total sea sana ni fácil. Pero no necesito ni quiero ver tanta crueldad. No quiero volverme más insensible al dolor, más indiferente ante el sufrimiento de otras personas.

 

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Porque nuestro cerebro es una herramienta poderosa que está preparada para entender y hacer sentir sin necesidad de ver tantas imágenes explicitas; porque ya hemos visto demasiado; y porque volverse inmune al dolor es un mecanismo de defensa que utilizamos ante tanta información e imágenes.

Ya describí que mostrar el sufrimiento ajeno en campañas para movilizar o captar donaciones y ayudas no me parece una estrategia acertada, y creo que la mejor manera de apelar a la conciencia es desde el positivismo. En Diseño social escribieron sobre un tema de actualidad titulado “Somos unos hipócritas”. Me gustó mucho por su contenido, y también me incluyo en ese “nosotros que está permitiendo que el sufrimiento y muerte de millones de personas no sea suficiente para iniciar los pasos del cambio social”. Pero sobre todo me gustó porque para explicarlo no necesitaron incluir imágenes terribles que acompañaran el texto.

Está claro que el dolor y el sufrimiento es algo que debe trabajarse a nivel personal, y cada un@ hace lo que puede y lo sobrelleva a su manera. Pero hoy más que nunca pienso que es importante humanizar los medios de comunicación. Cuando la información roza la morbosidad (o la sobrepasa con creces) sólo se me ocurre una forma de no seguir banalizando situaciones tan dolorosas en el tratamiento que se hace de la información: Hacer uso del sentido común, la empatía y el respeto a las víctimas.

Siguiendo Esther Maderuelo:

Formada en comunicación corporativa y online. Me fascina ver cómo las redes sociales y las nuevas tecnologías están cambiando nuestra forma de aprender, educar, transmitir o contactar.

Un comentario

  1. Muy cierto, al final el dinero manda. A mí me marco una vez que vi un documental hablando de publicidad, de como marcas como Nike o Adidas empezaron a comprobar que contra más mala era la gente que usaban como imagen, más ganaban, como no había límite llegaron al punto de usar asesinos de la cárcel. Entonces básicamente estás premiando e instando a la gente a que sean delincuentes, así hasta la actualidad y así nos va. La cuestión es que al parecer todo vale si vende, y como dices creo que deberían de haber unos límites, sería complejo atajar la libertad de expresión por ley y por la fuerza, pero sí que moralmente la gente podría rechazar algunas prácticas, no apoyarlas y así ya no darían beneficios que al parecer es lo que importa a ciertas personas. Al final todos los problemas acaban recayendo sobre lo mismo, la educación!!

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