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Cuando todo está roto, la comunicación sigue siendo la mejor opción

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Nunca antes había tenido esta sensación. Incertidumbre, tristeza, miedo… No sé exactamente qué sentimiento es, pero ahí está.

Conozco personas de origen no catalán con sentimiento independentista, y conozco personas de origen catalán con sentimiento no independentista. Mi yaya nació en Reus, y casi no sabe hablar castellano, pero lo entiende. Mi padre vino de Segovia hace más de 50 años y no sabe hablar catalán, pero lo entiende. En mi casa nunca hubo conflicto lingüístico, pues siempre combinamos los dos idiomas a la perfección; de hecho, tampoco hubo conflicto político de ningún tipo, más allá de las conversaciones de sobremesa en las que no siempre estábamos de acuerdo (faltaría más) pero donde siempre había respeto;  cada un@ de nosotr@s ya sabíamos quiénes éramos, de dónde veníamos y lo que sentíamos; y el cariño y el amor siempre han estado por encima de todo. DE TODO.

Por lo visto vivía un ideal, pues lo que está pasando estos días en la calle va más allá de legalidades, golpes de estado o cargas policiales sin sentido ante un acto ilegal que, fácilmente, podría haber sido impugnado al día siguiente.

Lo que estamos viviendo es la explosión de un sentimiento hasta ahora latente (por todas las partes) que ha estado alimentándose por los diferentes bandos políticos durante años, muchos años.

Un sentimiento que el pasado domingo definitivamente aplastó las pocas ganas de entendimiento mutuo que quedaban. Y cuando los cuerpos de seguridad arremeten contra la población (triste e incoherente en un estado democrático) es porque algo ha fallado. El diálogo, la voluntad de arreglarlo y las ganas de convivir pacíficamente. Algo ha fallado y un cúmulo de malas decisiones políticas (o buenas estrategias bien planeadas) han desencadenado en una gran ola de odio. Y los cuerpos de seguridad cumplen órdenes, algunos con más ganas que otros, todo hay que decirlo, pero son meros soldados de políticos incapaces de hacer política. Y actúan siempre para mantener la legalidad en el sistema. Una legalidad que a veces es absurda y a veces necesita un cambio, una evolución, sí. Pero estos soldados a veces deben luchar contra una masa enfurecida que da miedo. Y a veces mil piedras pueden con diez porras. Pero la violencia no es la solución. Y nunca, jamás, debe ser justificada. Sin excepciones. Venga de donde venga.

Me siento orgullosa de poder decir que tengo amistades y familiares repartidos en España, que sé que me quieren. Y a los que quiero. Aunque no siempre estemos de acuerdo en todo (faltaría más). Y me entristece todo esto, porque creo que hay cosas realmente importantes por las que preocuparnos, de verdad. Y no son las banderas, himnos o la historia, esa que no nos deja avanzar, sino que justifica, por ambos lados, por qué el otro no tiene razón.

Y es que, desde el principio de los tiempos, la historia tiene un argumento u otro, en función de quien la cuenta. Y la manipulación​ mediática eso lo sabe a la perfección. Sabe dónde cortar los vídeos, de qué lado fotografiar, y qué palabras utilizar. También sacando imágenes de archivo o mintiendo sin más. Según interese.

Lo que está claro es que entre la manipulación mediática, los sentimientos nacionalistas (por ambas partes) y todo lo que está ocurriendo estos días en nuestra tierra, los que no eran lo son, o no, pero ya no en silencio, los que eran lo son más, y los que no son están pero no del todo; y algunos ya no sabemos ni lo que somos ni, lo peor de todo, hacia donde vamos.

Porque esto ya no va de referéndums ilegales, de estado de derecho, de irresponsabilidades politicas o represión. Se ha destapado una lucha de identidades enfrentadas entre sí; de posturas y opiniones contrarias sin intenciones de convivir; de diferencias no entendidas que, en lugar de enriquecernos, nos está destruyendo. Y a mí esto me entristece.

Y aunque podrán quitarme el sueño,  jamás me quitarán las ganas de soñar con un mundo donde triunfe la comunicación, la empatía y el entendimiento mutuo.

Hace falta un poco de cordura en este circo que se ha montado. Y son los políticos (de ambas partes) quienes deben poner el “seny” que se ha ido. Ellos, como máximos responsables y alimentadores de esta crispación, de esta ya contrastada fractura social que existe.

Porque en la calle ya falta entendimiento, falta diálogo, falta respeto, falta conocimiento y sobra odio. Y ahora también faltan las ganas, la empatía y sobre todo el amor, mucho amor.

Diálogo espero que haya, y será tarde pero bienvenido. Porque cuando todo está roto, la comunicación siempre sigue siendo la mejor opción. Pero la herida tardará muchos años en cicatrizar.

El día que comprendamos que todos vamos en el mismo barco, y que aceptemos que las diferencias nos unen más que nos separan… ¡Ay, ese día ha de llegar….!

 

Estas líneas son opinión personal y reflexión de la situación actual en Cataluña.

 

Siguiendo Esther Maderuelo:

Formada en comunicación corporativa y online. Me fascina ver cómo las redes sociales y las nuevas tecnologías están cambiando nuestra forma de aprender, educar, transmitir o contactar.

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